
Wanna es una red social diseñada alrededor de experiencias humanas reales: un espacio donde compartir lo que uno está viviendo (relaciones, salud mental, momentos de cambio) y encontrarse con otras personas a través de esas experiencias. La dinamiza un agente conversacional homónimo que opera en varios idiomas.
Me incorporé en fase pre-producto, único perfil lingüístico en un equipo enteramente técnico. El brief era abierto: el agente tenía que sonar distinto del tono estándar de cualquier IA conversacional, porque si no la propuesta diferencial se diluía, y a la vez tratar temas íntimos sin frivolidad ni la delicadeza impostada de un bot.
Trabajé sobre el agente con el Product Design Lead y el Creative Developer como interlocutores principales. Definí tono y persona, escribí y reescribí los system prompts, evalué outputs y armonicé las instrucciones de comportamiento con las herramientas técnicas que el agente debía activar, como el muestreo de experiencias o la autogeneración de relatos. Participé también en decisiones estratégicas de producto, conceptualización y posicionamiento.
El método era iterativo y cualitativo: conversación meta con el propio agente para contrastar hipótesis sobre el system prompt, con versionado por funcionalidad en dieciséis iteraciones del prompt unificado. Para las alucinaciones desarrollé una batería de tests categorizados con rúbrica cualitativa estable.
Tres decisiones marcaron especialmente el desarrollo del agente: una sobre hasta qué punto se debía promptear la personalidad, otra sobre cómo estructurar su comportamiento conversacional y una tercera sobre cómo corregir el sesgo del modelo al generar el relato de un usuario.
Quise dar al agente una estructura de personalidad más definida subiendo diez ejemplos de conversación al system prompt. El efecto fue contraproducente: el tono se robotizó, porque el agente encasillaba la conversación según el ejemplo que más se le parecía. Los retiré. La lección que apliqué a partir de ahí: sobrepromptear la personalidad va en detrimento de la espontaneidad. Conviene confiar en la naturaleza conversacional base del modelo y limitarse a marcar las diferencias respecto a su tono por defecto.
La conversación con Wanna tenía que mantener el equilibrio entre seguir un comportamiento sistematizado y sonar natural, así que diseñé un ciclo operativo de tres pasos para resolverlo. Primero, comprender: leer el tono, el contexto emocional y las señales operativas del usuario. Segundo, conectar: responder de forma genuina y muestrear experiencias de la base de datos (al principio amplias y variadas, para inspirar; después más específicas, a medida que afloraban detalles). Tercero, dirigir: activar la herramienta técnica adecuada al comportamiento que el usuario iba mostrando. La prioridad explícita fue conectar rápido, aunque la experiencia muestreada no resonase al cien por cien con el usuario. El ciclo es portable: sirve para otros agentes con personalidad marcada y herramientas que activar.
El wrap-up es la herramienta que, a medida que avanza la conversación, genera de forma automática un relato publicable sin que el usuario tenga que redactar nada. Pasó por tres iteraciones, cada una resolviendo un sesgo distinto del modelo. Primero, lenguaje: el relato salía en un registro literario ajeno al del usuario; prompteé para mimetizar su léxico y su tono de voz. Segundo, conclusiones forzadas: el modelo añadía aprendizajes y cierres emocionales que el usuario no había mostrado; prompteé para aceptar que no toda experiencia tiene aprendizaje ni final feliz. Tercero, alucinaciones: prompteé para que el relato partiera solo de información confirmada en la conversación y pidiera al usuario lo que faltase, en lugar de inventarlo. El orden importaba: cada problema solo se hacía visible una vez resuelto el anterior.
Dejé un agente con persona definida y comportamiento estable, sostenido por un system prompt unificado y un ciclo operativo documentado. El proyecto fue reorientándose hacia operaciones de contenido a través de una red de colaboradores externos que aportaban experiencias reales y procesos escalables de recopilación temática. Cuando ese giro se consolidó, mi paso por Wanna se cerró.